martes, 5 de enero de 2016

Las mil y un formas de observar un cielo estrellado... o una carta para mí.


A un ficticio.


Para mí:

Tantas noches de desvelo, tantas horas sin dormir, el 5% de la batería del celular, me han enseñado que hay muchas formas de enamorarse.

Salí a mirar las estrellas, a ver si estabas entre ellas.

La verdad, no te encontré. Después de un tiempo, ya no quise hacerlo.

¿Ves cada una de esas estrellas? Así de tantas son las formas en que no te encontré, y no te necesité para enamorarme otra vez y mil veces más.

Encontré el amor en un atardecer espléndido.
Encontré el amor en una familia que ahora está más unida.
Encontré el amor en la frase de un libro.
Encontré el amor cuando le dije adiós a alguien que merecía ese adiós.
Encontré el amor cuando disfruté y me reí con las personas adecuadas.
Encontré el amor con un viaje lleno de alegría.
Encontré el amor en un blog renovado y que refleja luz.
Encontré el amor con un león de una tierra que está dentro de un ropero.
Lo encontré cuando Felipe le dio el beso a Aurora y así se despertó.
Encontré el amor en un anime donde aprendí que “si dos personas están destinadas a estar juntas, ni los problemas, ni la distancia, ni las circunstancias, personas, vida o muerte podrán separarlos”.
Encontré el amor en que el problema no es qué tan cliché se escucha esa frase, sino que mires a las estrellas otra vez y veas cuántas formas hay de entenderla y reproducirla.

Encontré el amor que se volvió una aventura en un mundo que no es pasado ni futuro, sino aquí y ahora.

Entre noches de desvelo, y ahora mismo en una de ellas, comprendo por fin que, como dice Elvira Sastre
“Uno es de donde llora, pero siempre querrá ir a donde ríe”. 
No sabía que se podían llorar tantos mares de agua en forma de felicidad. Lo único que sabía es que las personas solemos soltar ríos de tristeza.

Salí a mirar las estrellas. Pero entre ellas no estabas tú, estaba yo. Me encontré a mí misma. Por dentro y por fuera.

No sabía que me podía doler tanto el alma de reír todo el tiempo. Lo único que sabía era que me podía doler el vientre.

Y es que no necesité besos,
Ni abrazos,
Ni caricias,
Ni mensajes,
Ni flores,
Ni a ti.
Todo lo que necesitaba, tenía eso y mucho más.

Y no, por favor, no te creas el protagonista de mis letras. No te mereces ese honor ahora. Ya lo merecerás después. 
Por ahora, esto no es para ti, es para mí.








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