martes, 7 de noviembre de 2017

DÍA 7: UN NOMBRE.

Quieres una historia.
Pues ahí va, tengo muchas. 

Existe en este planeta una persona distinta que es un filósofo. Aunque también es químico. Es una combinación muy bonita de las dos. Como una de esas fórmulas con elementos (salvo que esas fórmulas no son muy bonitas para mí).
Gracias a Dios sabe aconsejarme como lo hace mi mejor amiga: al grado de levantarme con sus palabras, pulirme con un brillo especial 
pero hacer que me lance a la cama a llorar... 
porque las verdades duelen.
Al menos sé que sentirme así es un buen signo, porque las palabras siempre son arma de dos filos.

Algunas otras flores en mí vuelven a renacer como espinas que salvan mi alma de la frustración, la desesperación y la decepción cuando me dice:
"Mírate, preocupándote tanto de las cosas que no puedes cambiar. Te pasarás la vida cantando canciones tristes si sigues pensando de esa manera. Y vamos, no mereces estar así".

Nos adentramos en pláticas filosóficas, y somos bebés de 18 años tratando de descifrar un infinito indescifrable; me dice y plantea como tema "te digo lo que es el amor", así que le respondo:

Te digo lo que es el amor. Yo digo que es más bien anhelar tanto un corazón que cuando lo tengas no lo hayas conquistado, sino que te eduques para valorarlo como lo frágil y precioso que es.

Y allí está. Una persona con un amor tan grande que no me atrevería 
a decir 
su nombre.

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